La meditación en el Budo

Antes de entrar en la temática de éste artículo, hay que definir un par de términos:

  1. RAN-AI:
    1. Formado por dos palabras japonesas RAN y AI cuyo significado seria: armonizar el caos.
    1. Serie de Shinto Muso Ryu Jojutsu. Ésta es la síntesis de las series precedentes Omote y Chudan. Mediante ella nos preparamos para continuar el camino con series de carácter más interno. Podríamos decir que es un punto de inflexión en el que dejamos atrás las primeras series Omote y Chudan, más externas, para prepararnos hacia series que nos irán mostrando la vía interior de SMR Jojutsu.
  2. MEDITAR:
    1. Del latín “meditatio”,  significa “stare médium”, lo que traducido es algo así como “permanecer en el centro”.

Normalmente a lo largo del día, estamos dispersos, en muchos sitios y en ninguno, dando vueltas y vueltas en la periferia de nosotros mismos. Las artes meditativas y también las artes marciales, son un peregrinaje al centro de nuestro ser. Allí el paisaje interior se simplifica, y de pronto, empezamos a sentirnos en paz, en armonía con aquello que nos rodea.

Los caminos para encontrar nuestro propio centro, existen desde los albores de la humanidad, todos ellos intentan conectarnos con la realidad que nos rodea. Entre estos métodos se encuentran las artes marciales tradicionales, las cuales parecieran que únicamente nos llevan a desarrollar únicamente ciertas aptitudes físicas, pero solo en apariencia.

Un arte marcial es un camino (DO), una vía para la autorrealización que va más allá de la forma externa de la realización de las katas y la consecución de kyus y danes. Pareciera que el propósito único fuera la mejora en la destreza del combate, al tiempo que vamos progresando en la vía, bajo la atenta supervisión de nuestro sensei, el cual ha recorrido el camino antes que nosotros. Al tiempo que caminamos, nos damos cuenta que nuestro espíritu se va adaptando hasta caer en la cuenta en un momento dado, diferente en cada practicante, que algo ha cambiado para bien en nuestro interior. A estos momentos los denominamos satori o iluminación. Nuestro antiguo ser ya no es el mismo, ni mejor ni peor, simplemente diferente. Estamos más centrados, más en armonía con el mundo que nos rodea.

Para conseguir esto, debemos tener clara la actitud que ponemos durante la práctica. En el budismo zen existe una palabra que define dicha actitud que debemos tener durante la práctica: MUSHOTOKU. Significa realizar la acción sin apegarse al resultado final. Esto no significa que no debamos querer realizar las técnicas de nuestro arte pretendiendo mejorar, significa realizar la práctica sin espíritu de provecho, sin esa avidez por obtener algo como resultado de la misma.

La práctica de las artes marciales japonesas, se fundamenta en tres principios denominados: Shin (espíritu), Gi (técnica), Tai (cuerpo).

  • Shin: Es el espíritu, el corazón o “kokoro” que debemos poner al realizar la práctica. Debemos realizar la práctica poniendo todo nuestro ser  en ella. Debe ser centrado, ni muy impetuoso, ni muy pasivo. La mirada, la manera de movernos, la mente distraída, nos delatarán y hará que nuestra práctica no sea la correcta y provoque en nosotros frustración o una falsa sensación de logro. Al tiempo que recorremos la vía, nos damos cuenta que el espíritu debe cambiar antes de entrar en el dojo. Cuando llevemos un tiempo realizando la práctica nos damos cuenta que el mismo espíritu que aplicamos en el arte marcial, poco a poco lo vamos incluyendo en nuestra vida diaria sin realizar un gran esfuerzo. Al final desarrollaremos un “kokoro ippai”, un corazón pleno que guiará nuestro camino.
  • Gi: Es el conjunto de técnicas (waza) que desarrollamos durante la práctica a lo largo de toda la vida del arte marcial. Es la teoría del arte marcial practicado, los kihon, las katas… Podemos tener una muy buena técnica, pero sin un buen espíritu que la domine seremos o como una estatua de piedra que simplemente es el reflejo de una forma o como un león con una gran melena en medio de la sabana, orgulloso de su poder pero en la más absoluta soledad al no tener con quien compartirlo. Con esto quiero decir que no solo debemos aprender el conjunto de técnicas, debemos de dotarlas de vida, encadenarlas, dotarlas de un ritmo y tiempo apropiado según requiera el momento de la práctica.
  • Tai: Literalmente lo traducimos como “el cuerpo”, pero tiene  un significado más amplio que la mera presencia física, en Tai debemos incluir la personalidad, la psicología de cada uno. De una manera muy reduccionista, podemos decir que son los rasgos que le definen a uno y la actitud que uno emana frente a su entorno. Como vemos es un concepto dual.

Queda un cuarto principio, un elemento invisible, practicado a cada momento de manera inconsciente. Este elemento es el hilo que aúna los tres elementos anteriormente citados. Hablamos de la Respiración. Si no tenemos una correcta respiración, nuestro espíritu estará disperso, nuestra técnica será deficiente y nuestro Tai inexistente. Nos agotaremos y nos frustraremos. Para entrenar la respiración tenemos innumerables técnicas, pero yo personalmente me decanto por la técnica utilizada durante la práctica de zazen (meditación budista zen) mediante la cual toda acción de inspiración y espiración parte del “Hara”. En términos muy básicos estamos hablando de una respiración abdominal, desde el centro de energía localizado en el bajo abdomen. Evidentemente determinadas técnicas según el arte marcial que practiquemos, exigirán que la respiración siga una determinada pauta según la energía que debamos transmitir a la técnica, pero siempre partirá desde el “Hara” que es el que generará la energía correcta para la práctica.

¿Quién dijo que las artes marciales eran solo dar y recibir golpes? Solo con el silencio interior, conseguimos armonizar el caos, nos anclamos en el aquí y el ahora y fluimos.

Os recomiendo leer el artículo El cerebro de un budoka escrito por Didac Arcas, para una explicación más científica y mejor comprensión de lo explicado en este artículo.

Por Félix Echeandía

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Aprendizaje en las Artes Marciales

Durante la realización de la programación de las sesiones por parte del sensei (maestro, profesor, sifu, entrenador, etc.) se abordan los diferentes objetivos a alcanzar en función de la necesidad del alumno, de exámenes, de competiciones, etc. así como la definición de los métodos educativos para llevar a cabo dichos objetivos programados. Estos diseños elegidos se basan en los conocimientos del autor como licenciado en psicología y en su trabajo como educador social, así como en los años de experiencia en el Budo japonés.

ENFOQUES EDUCATIVOS

Se usa el modelo clásico conductista en el que el proceso de aprendizaje del alumno es el resultado de una suma de hábitos que son consecuencia de la imitación y la repetición de una serie de técnicas concretas. Este modelo es el clásico de las artes marciales japonesas basado en “imitación-repetición”.

Por otro lado, se trabaja en el denominado aprendizaje cooperativo, el cual, hace que el individuo llegue a trabajar en grupo de acuerdo a sus posibilidades y además, consigue que el individuo se integre en el trabajo realizando las tareas más positivas para el desarrollo del propio grupo (los alumnos trabajan juntos para lograr una meta común, participan y se hacen responsables de sus contribuciones, y el logro de la meta es mutuo, como por ejemplo los katas por equipos, las exhibiciones, la preparación de exámenes sin el sensei, etc.).

Otro abordaje está basado en la teoría del andamiaje, que se basa en la visión constructivista de Vygotsky con su concepto de zona de desarrollo próximo (ZDP) que trata de la distancia de lo que el alumno puede resolver por sí solo, y lo que podría realizar con ayuda o guía de una persona más capacitada, de esta manera se encontraría su nivel de desarrollo potencial. La información que presenta el maestro al alumno debe estar preparada para saber qué presentar y cuándo presentarla (programación) de manera que se pueda entender y mantenga un orden lógico de dificultad. Como en toda arte marcial, el aprendizaje implica una individualización que reconozca las capacidades de cada estudiante para desarrollar la tarea que se quiera presentar. La función final del sensei es la de apoyar al alumno y proporcionarle progresivamente la libertad cuando vaya adquiriendo el conocimiento (Shu-Ha-Ri).

Trabajos físico-técnicos (ejecución correcta, conocimiento de los movimientos, uso del cuerpo, bunkai, fortalecimiento físico, etc.) se realizan con una metodología Global – Analítica – Global. Incidiendo inicialmente en los aspectos generales de la ejecución, forma, conceptos básicos, etc., pasando por una fase más analítica de contenido y forma, para finalmente, volver a una visión global con todos los aspectos potencialmente integrados. Durante todo el programa, se realiza la repetición de técnicas trabajadas anteriormente, añadiendo paulatinamente elementos nuevos y aumentando la dificultad.

ENFOQUE PSICOLÓGICO

En la parte psicológica, se hace observación directa de las reacciones del alumnado en las sesiones de entrenamiento y fuera de ellas. Se procura realizar ejercicios de relajación y ejercicios de estrés para mejorar las capacidades del alumno en situaciones diversas. Se realizan feedbacks durante y al finalizar las sesiones, y se realizan entrevistas personalizadas con los alumnos. La intención de estas acciones es proveer a los alumnos de habilidades mentales para optimizar su rendimiento y aprendizaje, así como ayudar a entender la manera en que la mente influye en su rendimiento y definir estrategias para lograr los objetivos mutuamente propuestos.

El objetivo final es integrar todos los aspectos trabajados y formar a los alumnos de artes marciales en un sentido más global que específico. El trabajo técnico, físico y psicológico está dividido por graduaciones y capacidades, aunque tienen un objetivo común. La enseñanza individualizada tiene como objetivo prioritario no llegar a conseguir un máximo nivel de homogeneidad, sino buscar el nivel máximo de progreso personal de alumno de cada grupo y el máximo nivel de grupo.

LA PROGRESIÓN DEL ALUMNO

La metodología más usada es la progresión individual mediante la asignación de tareas, ya sean individuales o grupales, ya que es un modelo que se adapta muy bien a los grupos y permite que los budokas trabajen más de forma autónoma, aunque el sensei está controlando la actividad en todo momento. Durante toda la sesión se exponen los conceptos relacionados con la práctica y se demuestran. En todo momento el sensei está a cargo de la transmisión correcta de la información y como ejemplo con la reproducción de un modelo de movimiento ideal. El éxito en la realización de este tipo de tareas consiste en el grado de exactitud con que coincidan modelo y ejecución real; durante la parte final y vuelta a la calma se realizará el feedback para fijar conceptos, aclarar dudas o preparar las posteriores sesiones y objetivos.  

Los criterios de progresión se representan en un cinturón como símbolo de lo que se ha alcanzado en el entrenamiento (técnicas básicas, posición, equilibrio, coordinación, velocidad, fuerza, precisión, efectividad, etc.).

Nuestra metodología se basa en “Sin constancia no hay progreso”. La progresión en el grado, debe suponer un camino hacia el dominio del cuerpo y de la mente. El alumno no solo debe aprender las técnicas y estrategias propuestas en el arte, sino impregnarse de la filosofía y las maneras propias del arte marcial y de la cultura de la que proviene (Budo japonés). A través del pase de grados, no solo se debe mejorar la técnica, sino perfeccionar el carácter y la personalidad del practicante a través de la disciplina y la constancia.

Tanto el instructor como el alumno recibirán la formación directa de expertos nacionales o internacionales en cursos y seminarios, permitiendo a cada nivel, la progresión y el acercamiento a la cultura japonesa a la que debemos el arte marcial que practicamos. La enseñanza continuada y la constancia en los entrenamientos debe proporcionar un progreso físico y psíquico a medio y largo plazo, que sea constatable por el alumno (y el maestro) de forma objetiva y subjetiva, y que le motive para seguir avanzando en su progreso marcial.

Por Dídac Arcas (codirector RANAI DOJO)

Micro vs. Macro

Hoy os proponemos una reflexión de sensei Scott Langley, director técnico de HDKI Karate.

Estoy sentado en el comedor de Roberto Nearon, aquí en Detroit, un encantador amigo y miembro principal de HDKI USA. Lo conozco desde hace muchos años y mi visita anual a su hogar, familia y dojo siempre se siente demasiado breve.

Anoche, después de un largo vuelo transatlántico, estábamos sentados en Miller’s Bar, nuestro lugar habitual de los jueves por la noche cuando llego a Michigan, acompañado del desfase horario que comienza a golpear. Sin embargo, la hamburguesa de queso localmente famosa acompañada con un par de vasos de cerveza (Blue Moon) me ayuda a continuarhasta la hora de dormir. Ahora estoy despierto y descansado después de una buena noche de sueño y listo para una gira de cuatro días por cuatro ciudades de los Estados Unidos.

La conversación de anoche divagó como cualquier conversación de bar debería y a mitad de la noche me encontré citando a ciertos profesores cuyas clases había tomado mientras cursaba Antropología Social en la universidad. Existe la necesidad en cualquier comunidad, cultura o sociedad de tener conexiones muy locales. Estas micro conexiones proporcionan el marco de la red local. La familia es un ejemplo obvio de esto; tu madre, padre, hijo o hija. Estas son las personas en las que confías y que confían en ti a diario. Este es el tejido de nuestra vida interior. Más allá de eso, estamos conectados con nuestra familia y comunidad en general. Nuestras tías, tíos, sobrinas y sobrinos. No es casualidad que en la época colonial los niños de los británicos gobernantes llamaran a los adultos dentro de su comunidad tía y tío, no porque fueran parientes consanguíneos, sino en ausencia de familia, esta convención fue adoptada para hacer que la comunidad fuera funcional. Y luego, finalmente, más allá de la familia, tenemos nuestra comunidad, el maestro de escuela local, el carnicero del pueblo, la línea de vecinos de arriba a abajo de la calle, todos compartiendo una idea compartida de comunidad que sirve de cobijo social. usted puede preguntar ¿Pero qué tiene esto que ver con el karate?

A menudo pienso que mi dojo es mi familia de karate. Hermanos y hermanas en armas, entrenando duro, luchando, luchando la buena batalla. Son mis confidentes, mi círculo íntimo, el lugar donde puedo desahogar mis frustraciones e inseguridades y explicar mis esperanzas y deseos. Más allá de eso, tengo mi familia extendida, en mi caso el HDKI GB e Irlanda. Estos son los chicos que veo con más frecuencia. Son las tías y tíos, las sobrinas y sobrinos de mi familia de pseudo karate. Más allá de eso, pertenecemos a una comunidad más grande, el HDKI, que se ha creado recientemente y esperamos que se expanda de manera sostenible. La comunidad me hace feliz y sé por qué. Un modelo antropológico común para una comunidad exitosa, y con eso quiero decir feliz, es cuando un individuo tiene fuertes vínculos en su hogar. Esto se ve reforzado por un mayor número de enlaces dentro de su comunidad local, aunque sea menos frecuente o generalizado. Sin embargo, la guinda final del pastel, por así decirlo, es que los miembros de la comunidad tengan fuertes vínculos con otras comunidades. Permite la polinización cruzada de ideas, crea grupos y permite a las personas tener un mayor sentido de pertenencia dentro del contexto más amplio del mundo. Si se alcanzan estos tres niveles de conexión, la sociedad, en general, florece.

En mis días en JKS, solía enseñar para un talentoso karateka en Loughborough, cuya familia era de ascendencia india. Su familia era la quintaesencia de los indios británicos modernos, combinando las tradiciones, la cultura y el patrimonio del subcontinente con la sociedad británica. A menudo volaba el viernes, enseñaba el sábado y luego volvía el domingo. La primera noche pasábamos por el pub local, jugando al billar con sus colegas de trabajo, hablando de fútbol (que no tenía idea) y bebiendo cerveza. La noche siguiente estaríamos comiendo «sizzlers», maravilloso plato de la cocina india que nunca había visto en el menú de ningún otro restaurante indio en el que había estado. Mi formación antropológica despertó de un sueño de amnesia postuniversitaria y pude reconocer la funcionalidad satisfactoria de esta instantánea de la cultura británica moderna. Mi amigo tenía conexiones estrechas y étnicamente específicas en casa y dentro de la comunidad a la que estaba unido. Luego tuvo conexiones más amplias dentro de la comunidad general, dentro del trabajo y dentro del dojo. Luego finalmente tuvo una mayor conexión dentro del mundo más amplio (karate) siendo parte de un grupo internacional. La vida funcionaba como debía funcionar.

Sin embargo, lo que sucede cuando también perdemos un elemento. Imagine ser parte de una familia que vive al otro lado del mundo: los efectos psicológicos de esto en los emigrantes están bien estudiados. Imagina ser parte de una familia unida, pero nunca abandonar las cuatro paredes de la casa, nunca explorar la variedad de ideas, opiniones y vidas más allá de la familia nuclear. Creo que una existencia funcional es un equilibrio difícil de crear y una pequeña inclinación en la dirección equivocada puede volcarse fácilmente en la disfuncionalidad.

Para el karateka, la independencia puede ser una opción atractiva, libre del control de un grupo dominante, ansioso por regular las minucias de la existencia del dojo, pero también resulta en aislamiento. Igualmente aislar es la opción de permanecer conectado con el mundo en general cuando la comunidad local o nacional ha elegido lo contrario. Ambos ejemplos que he visto recientemente en mi vida profesional y simpatizo con las personas involucradas, obligados a tomar decisiones que solo producen grados de pérdida: no hay ganancia cuando no se puede alcanzar un equilibrio. Por supuesto, por un corto tiempo es posible dar la ilusión de una comunidad bien equilibrada. Las redes sociales tienen una manera de hacer realidad la aldea global. La facilidad de conexión, con notificaciones continuas en las redes sociales, una gran cantidad de algoritmos de emoji y google nos permiten vivir dentro de una burbuja que es difícil de explotar. Sin embargo, la verdad existencial que debemos enfrentar es la de una conexión auténtica. Una llamada telefónica de un amigo o un «osu» de un compañero de entrenamiento es infinitamente más valiosa que una llamada de un conocido a tres mil millas de distancia. Realmente creo que no se puede lograr nada solo que no se pueda mejorar en colaboración. Y como dice el proverbio africano, si quieres ir rápido, ve solo. Si quieres llegar lejos, ¡ve acompañado!

Escrito por Scott Langley. Traducido por Dídac Arcas y Juan Manuel Ferrero.